En la consulta infanto-juvenil hay siempre dos alianzas en juego: la del adolescente y la de su familia. Perder cualquiera de las dos suele costar el proceso entero.
El contrato de confidencialidad a tres bandas
Desde la primera sesión, dejo claro delante de todos qué contaré y qué no: compartiré líneas generales y riesgo, nunca contenidos. El adolescente escucha ese pacto y decide cuánto confía; los padres escuchan lo mismo y deciden cuánto sueltan.
Cuando un padre pide «dime de qué habláis», casi siempre está pidiendo otra cosa: «dime que mi hijo va a estar bien».
Sesiones de padres que suman
Espaciadas, con agenda propia y centradas en lo que sí pueden hacer ellos. Un padre con tareas concretas deja de ser un fiscal y pasa a ser parte del equipo.